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Los ojos iluminan como una esmeralda brillante, la azulada piel tiene un brillo plateado,... se mueve con donaire y elegancia, que dejan entrever una fuerza explosiva contenida en esta grácil criatura. Ellos nos recuerdan, considerablemente, a una "pantera en miniatura", con su tono azulado. Un azul Prusia, el color de los sueños felinos. Quien es atrapado una vez; quien encuentra la gracia de estos profundos ojos verdes; le será muy difícil resistir y recuperarse de la magia de esta raza. |
Ya en el siglo VIII, la raza asentada a lo largo de los campos del norte de: Noruega, Finlandia y algunas zonas de Rusia, era denominada "gatos azules". Los propios vikingos tenían predilección por su "Rusa azul"; como se puede observar en las piezas de la exposición textil del Museo Vikingo de París. Como consecuencia de las investigaciones, los científicos descubrieron que los guantes y mantones de los correspondientes navegantes nórdicos, estaban hechos de piel azul de gato. De ahí deriva la suposición de datar la prueba de la existencia del Gato Azul Prusia entre los años 830 y 840. Si eran en realidad gatos Azul Prusia, salidos del carro dorado de la madre tierra "Freya" (como dice la tradición nórdica); o si eran los antepasados de los "gatos del bosque noruego"; nadie lo puede afirmar hoy en día con seguridad, aunque seguro será una suposición preciosa. Por lo menos será más bonita que la suposición de que fueron criados en Siberia como fuente peletera para cuellos, gorros, empuñaduras y vestimenta en general. Tampoco es desdeñable la consiguiente teoría, que argumenta que estos gatos tienen unas cejas y pestañas espesas, para que no se les meta la nieve en los ojos al desplazarse.
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Debido
a que los vikingos fueron un pueblo caracterizado por sus viajes y conquistas,
llegaron muy temprano los primeros ejemplares de estos gatos a Inglaterra,
España y Malta. Los "gatos azules" fueron por ello denominados
"gato maltés", "azul español" o "gato-arcángel".
La última denominación otorgada seguramente como consecuencia
de que Inglaterra mantuviera, ya en el año 1553, relaciones coloniales
y comerciales con el Puerto del Arcángel. Desde éste fueron
embarcados: madera y pieles nobles, así como cueros. Naturalmente
los barcos eran custodiados también por gatos, que como extorsionadores
debían ser mantenidos, ya que en aquel entonces, lejos de los valiosos
cargamentos.
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Carabinas entonces y ahora
Así
llegaron los gatos azules como carabinas al norte de Inglaterra. Aunque
en realidad se supone que una entrada de gatos como aquélla, no sería
hoy posible; no obstante, hace unos diez años, un gato Azul Prusia
consiguió llegar al puerto de "Aberdseen" en Escocia, donde
las medidas de entrada parecen haberse distendido...
(Gran Bretaña prescribe normalmente una cuarentena de tres meses
a los gatos, para mantener la isla libre de rabia epidémica). Se
supone que este gato desembarcó de un barco noruego, habiendo decidido
tomar el mismo camino que sus antepasados: viajar y descubrir el mundo como
carabina. Los hombres que en Escocia le dieron un hogar, aseguraron que
su pelaje era especialmente espeso y felposo a su llegada. Este obvio denso
y suave pelaje, que parecía suspender sobre el cuerpo, se deduce
de las inhóspitas condiciones climatológicas, que soportaba
hasta entonces en su hábitat ruso.
Después de un año de estancia en latitudes templadas su pelaje
se había adaptado a las nuevas exigencias y condiciones. Ya no era
tan espeso y por ello estaba más adherido al cuerpo.

También en
la poesía amorosa noruega tenían los gatos azules un lujar fijo.
Ya sobre el 1300 transcribieron los autores escandinavos los antiguos cánticos
al papel; que en aquél entonces ya tenían entre 400 y 500 años
de antigüedad. De forma mayoritaria, los trovadores noruegos homenajeaban
a los gatos, como amigos fieles de los hombres, cuyas casas estaban libres de
ratones y ratas, asegurando como consecuencia la recogida de buenas cosechas.
Los gatos obtuvieron por ello un lugar caliente en los establos y algún
que otro cuenco lleno de leche de los campesinos de los fiordos. Así
se formó ya entonces una relación simbiótica entre el hombre
y el gato. La existencia del gato Azul Prusia "Vadka" en la corte
de los zares se sitúa alrededor de 1850. El zar Nicolás I era
en cierta medida un gran amante de los gatos Azul Prusia, así como la
alta nobleza. Los Azul Prusia eran tan queridos en las cortes, que se les permitía
dormir con los hijos de los zares. La historia cuenta que las cuidadoras ponían
esas bellezas de esmeralda sobre las camas de los niños, para ahuyentar
a los malos espíritus. Estas historias no carecen de pruebas correspondientes,
como demuestra la documentación fotográfica de la entonces dama
de la corte del zar, Anna Wirubowa. Ésta prueba que en la corte rusa
poseía un gran gato gris, que compartía la cama con el hijo del
zar. Si ese gato ahuyentaba a los malos espíritus o no, no es demostrable;
lo que sí es seguro, es que el calor y el tierno ronroneo del animal
le harían bien al niño.
Compañeros del rey de Inglaterra
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En
el año 1901 recibieron, la reina Victoria de Inglaterra y su
hijo Eduardo VII, un regalo muy valioso del zar: una pareja de gatos
Azul Prusia para la cría, que vino desde la corte del zar hasta
la corte real inglesa, donde los británicos no dejaban de admirar
esa elegancia azulada. Y así empezó a depender la especie
Azul Prusia de la corona inglesa, con el patrocinio de Eduardo VII,
quien además tomó posesión de la presidencia de
la primera asociación, donde se organizaban las distintas especies
de esta raza. Una gran carrera para un gato, que no era otra cosa que
un gato doméstico azulado de las frías regiones nórdicas.
Los Azul Prusia se han adaptado especialmente bien a la vida en esas
frías regiones. Su pelaje está doblemente reforzado, así
como su constitución (tal y como ocurre con algunas razas caninas
nórdicas). Los pelajes interior exterior tienen casi la misma
largura. Éste protege tanto de la humedad, como del duro frío.
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El
Sr. Careew-Cox de "South Walden", situado en el condado de "Essex",
importó en 1893 una gata de nombre Olga desde "Archangelsk"
hasta Gran Bretaña. Esa era la madre de su gato de monta Bayard (nacido
en 1898), el cual fundó junto con Fashoda (importada en 1896) y Yula
(importada en 1901), así como con su padre, denominado King Vladimir,
el linaje de su especie. Con el consiguiente desarrollo de la especie y la integración
de ésta, con un azul desconocido, en las filas de los pelo corto, hubo
que superar algunos problemas. Ya existían el "Azul Británico"
y el "Chartreux" como pelo corto azules, a los que les hubiera encantado
"tragarse" los genes de los "Azul Prusia". Por último,
aunque no por ello menos importante, se consiguió encasillar a los Azul
Prusia como una raza independiente. La Segunda Guerra Mundial fue un duro paréntesis,
también para la especie Azul Prusia. Los hombres tenían de por
sí que luchar por su supervivencia, así que los intereses de cría
pasaron a un segundo plano. Así no es de extrañar que después
de la guerra fueran cruzados siameses en Suecia y los Países Bajos. Lo
que trajo una mejora en el color de los ojos consigo; sin embargo la calidad
del pelaje y la constitución salieron perjudicadas. Maria Rockford, quién
ya había empezado con la cría de Azul Prusia antes de la guerra
(Cattery "Donloe"), era una de las dirigentes criadoras, que se preocupaba
por conservar las características originales de esta raza.
Carrera modélica- ¡conseguida!
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Mientras tanto, a lo largo de toda Europa, trabajaban criadores/as entregados por la conservación y mejora de los Azul Prusia. ¡Y con éxito! La industria publicitaria se interesó ya también por el brillo especial de esos preciosos ojos verdes. Un fabricante de coches alemán dejó a un "azul esmeralda" dentro de su pequeño modelo para que cazara a un ratoncito blanco; también brillaron los ojos de una "Prusa" en un cartel de un gran fabricante de productos farmacoveterinarios. Así consiguieron éstos "esbeltos azules" desplazar la competencia de los pelo corto ingleses anaranjados con su cabeza redonda y su pesada constitución, desbancándolos. |
Los
"prusos" son gatos muy sociales, pero que tienen un pronunciado comportamiento
dominante. Metidos en grupo, necesitan espacio suficiente para poder estar separados
unos de otros. Son muy dados a ser "escaladores" y "saltadores",
así como a tomar su propio camino de forma libre y con curiosidad. Si
se les ve cazar y rabiar en libertad, se tiene la impresión de que tienen
algo que ver con los gatos de presa: con movimientos tan llenos de fuerza y
elegantes. Los Azul Prusia se buscan sus propios hombres; no son amigos de cualquiera.
Pero una vez que se ha conseguido su afecto, éste se conserva a lo largo
de toda una vida. Son cariñosos con sus amos como demuestra su devoción
a los arrumacos y besuqueos. Como madres están en toda regla a la cabeza.
Las crías son cuidadas por su progenitora con ternura y educadas con
dulzura; a lo que hay que añadir, que algunos progenitores (machos) han
sido descubiertos cuidando con celo su descendencia. Una camada así es
muy traviesa, y no obstante es casi imposible resistirse a la mirada azul de
las crías.
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Más
o menos entre la sexta y la octava semana comienza a cambiarse el color
de lo ojos de los pequeños. En primer lugar, ocre sucio, antes
de obtener lentamente un maravilloso color verde. Algunos gatitos obtienen
inmediatamente ojos verdes, sin pasar por esa "fase ocre". En
algunos gatitos se pueden apreciar a menudo suaves rayas atigradas en
el pelo, que después desaparecen. El pelaje de un Azul Prusia adulto
no debería tener de rayas, sino que debe estar cubierto por un
resplandor plateado. Ese brillo plateado se genera por la reflexión
de la luz en la puntas del pelo, que no tienen pigmentos.
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Si Vd. se interesa por la adquisición de un Azul Prusia, déjese informar por un criador serio. Vacunas contra resfriados y epidemias felinas se dan por hecho, así como una regular desparasitación. Insista en una federación de cría reconocida sobre el árbol genealógico. Un análisis de sangre o un reconocimiento veterinario no son desdeñables. Con un buen cuidado, mucha alocución y una alimentación adecuada, protección regular con vacunas, le acompañará su dulce y tierno "pruso" a lo largo de su vida. Para la mayoría de las "amigas" y "amigos" de los Azul Prusia rige el siguiente lema: una vez Azul Prusia-siempre Azul Prusia. ¡Y Vd. no será una excepción!